Veo mi propia cara transformada por un grito de dolor.
Los ojos clausurados por línas amarillas y legras negras.
La nariz arrugada, una hoja marchita.
La boca abierta, llena de gusanos en movimiento que tratan de salir.
La piel como un lija que detiene las lágrimas y no las deja salir del cuadro.
Las retiene como un recordatorio de mi dolor.
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